ANTECEDENTES HISTÓRICOS
Breve introducción
Ya desde tiempos prehistóricos el término municipal de El Torno estuvo habitado. Prueba de ello, son los utensilios de piedra tallada (hachas y puntas de lanza o flecha) dispersos por todo el territorio, y las tumbas antropomorfas halladas en las fincas El Mojigato, Romanejo y en el Prado Camocho, que el doctor Sayans Castaños fecha en la Edad de hierro.
En esta época, todos estos territorios dependían del Castro de los Riscos de Villavieja, que junto con el de Cabezabellosa y el de los Tres Términos de San Polo, formaban los más importantes núcleos de población en la época anterior a la dominación romana. Fue asentamiento de culturas romana y Árabe.
La huella romana se deja ver en una importante vía que, procedente de Caparra, atravesaba nuestro término municipal, para enlazar con la que, paralela al rió, recorría todo el Valle. Así mismo, se han descubierto columnas, quizás pertenecientes a un pequeño templo, en la finca Romanejo. En los cerros de La Butrera y los Viñazos quedan restos de un tejar Árabe.
Segun la literatura científica sobre el origen y fundación de nuestro pueblo, sus antecedentes hay que buscarlos en el asentamiento de montañeses del norte de España (vizcaínos y asturleoneses) durante la Alta Edad Media. Justifica esta hipótesis la semejanza del habla, costumbres y juegos torniegos con la cultura leonesa; así como la existencia de apellidos vizcaínos semejantes a los torniegos: Eliza (apellido vasco) y Elizo (apellido torniego). Unos dicen que l os primeros pobladores fueron leñadores, basándose en que todo el Valle era un extenso bosque, haciendo referencia el nombre del pueblo al instrumento utilizado para trabajar la madera. Otros, basándose en la etimología deTorno, relacionado con el oficio ganadero hacer torno (expresión medieval que alude al cerco del redil) afirman que se dedicaban al pastoreo.
Ya en 1. 189 aparece el nombre de El Torno, como una de las aldeas pertenecientes al sexmo de El ValleTransierra, en el "Privilegio Fundacional" otorgado a la ciudad de Plasencia por Alfonso VIII.
En el año 1.254, cuando el papa Inocencio IV firma la Bula Fundacional de la Iglesia Placentína, El Torno no aparece en la relación de parroquias que habían de sostener al nuevo obispado, ya que estaba incluído en la aldea de Asperilla.
Los torniegos ya se enterraban en su iglesia en el año 1.320, como consta en una nota marginal del Libro de Casados n° 1 del Archivo Parroquial, en la que se dice
que Rodrigo Quijada se mandó enterrar por su testamento en este año, en la Iglesia, en una sepultura situada al lado del Evangelio, lugar en el que estaba su madre.
Radicaba en El Torno el vínculo de los Ibarra; lo fundó una familia distinguida que llevaba ese nombre, asentada desde antiguo en El Torno, donde tenía su vínculo y casa. Todavía en 1.786 lo gozaban los menores de don Jerónimo Caballero Paredes e Ibarra, que reside en Cáceres, aunque siguen vinculados a las tierras torniegas. Por estas fechas su valor asciende a unos 5.000 reales.
Las guerras contra Portugal del siglo XVII no afectaron a El Torno directamente (no hubo asentamientos de tropa), pero le impusieron contribuciones desorbitadas para sufragar los gastos, cuyos réditos arrastró durante más de un siglo.
En 1. 706 el cura Lic. Pedro Bravo Pérez instituye una fundación para dotar a la más pobre huérfana y la más recogida. Encomienda a Curas y Alcaldes que la resuelvan en la iglesia el primer día de Pascua de Navidad. Así lo hicieron hasta bien entrado el siglo XIX.
Podemos destacar que, ya en 1735, El Torno contaba con una escuela, fundada por un hijo del pueblo, Don Juan Sevillano, racionero de la S. I. Catedral de Plasencia, con el fin de que los niños tuviesen maestro que les impusiese desde su tierna infancia fundamento
de la religión cristiana y misterios de la Santa Fe Católica, tan preciosos y necesarios para conseguir el último fin para el que todos fuimos creados. Entre las obligaciones del maestro señala la de enseñarles a leer, escribir hasta sin regla, y contar hasta las cinco reglas de sumar, restar, multiplicar, medio partir y partir por entero y demás que supiere. Dejó una fundación para la escuela: olivares, lagar de aceite y molino harinero. El sueldo del maestro ascendía a 1.000 reales, siendo el mejor remunerado de los del valle.
En el año 1.772 fue construida la ermita de San Sebastián y ampliada la Iglesia con las rentas producidas por las propiedades de la parroquia. Por estas fechas el cura Don Bernardo Rubio afirma en el Libro de Bautizados nº 3 que el número de habitantes ascendía a 779.
En 1.779, El Torno adquiere la dehesa Boyal, que se le concedió para paliar la crisis en la que se hallaba inmerso, como otros municipios del valle. Esta crisis se debió a la enfermedad que, procedente de La Vera, arruinó los castañares del Valle del Jerte, quedando los vallenses sumidos en la miseria. Como posible salida, se intensifican los cultivos ya aclimatados en la comarca, aumentan los cereales, la vid y el olivo, las patatas, que son excelente alimento de pobres. Entre los frutales destaca el cultivo del cerezo, que se afianza hasta convertirse en el actual monocultivo.
En el año 1.791 la recién creada Real Audiencia de Extremadura visita El Torno haciendo un estudia socioeconómico y cultural. Según cuenta en el informe El Torno cuenta con 180 vecinos, repartidos en:
- 35 labradores,
- 14 panaderos y cultivadores de sus tierras,
- 52 jornaleros,
- 2 escribanos,
- 1 cirujano,
- 1 sacristán,
- 2 herreros (uno de ellos hacía de barbero),
- 4 sastres,
- 1 zapatero,
- 8 tejedores,
- 60 cultivadores de sus haciendas, no formando gremios.
Las diversiones domingueras son el baile del pandero, el tiro de barra y la calva. Hay dos posadas, con dos cuadras y treinta pesebres cada una, por estar situado El Torno en el camino que comunica el valle del Jerte con el del Ambroz. No hay cementerio, por estar la iglesia al lado del pueblo y sirviendo ésta para los vecinos del pueblo, que pagaban dependiendo del lugar del enterramiento: desde el altar de San Antonio para la puerta principal de la iglesia son tres reales el rompimiento; desde dicho altar hasta el arco coral son seis reales; desde el arco hasta el altar-mayor son doce reales. Existe una cofradía, la de la Santa Vera Cruz, con 180 cofrades.
La cosecha de este año y precios quedan reflejados en este cuadro:
PRODUCTOS
- Trigo: 300 fanegas
- Centeno: 200 fanegas
- Cebada: 15 fanegas
- Habas: 7 fanegas
- Garbanzos: 10 fanegas
- Castañas verdes: 600 fanegas
- Castañas pilongas: 40 arrobas, 50 reales.
- Pimienta colorada: 40 arrobas, 30 reales.
- Vino: 200 arrobas.
- Aceite: 200 arrobas, 30 reales.
- Patatas: 1.000 arrobas, 2 reales.
- Nabos: 20 arrobas.
- Lino: 40 arrobas.
- Seda: 2 arrobas, 1.375 reales.
- Cebollas: 50 arrobas, 3 reales.
- Cerezas: 95 arrobas, 2`5 relaes.
- Guindas: 25 arrobas, 2 reales.
- Peras: 132 arrobas, 3 reales.
- Ciruelas: 50, 2 reales.
La ganadería estaba constituida por:
- 60 ovejas,
- 30 carneros,
- 100 corderos,
- 800 cabras,
- 40 machos cabríos,
- 246 chivos,
- 46 puercas,
- 65 puercos,
- 42 lechones,
- 147 vacas,
- 25 entre bueyes y novillos,
- 32 becerros,
- 8 caballos,
- 35 yeguas,
- 11 potros.
La invasión francesa en 1.809 dejó marcadas huellas en El Torno . Constancia de ello ha quedado en el Libro de Casados nº 3 (años 1.805-1856) en el que en una nota inicial puede leerse: En veinte y quatro de Agosto de 1.809 las tropas francesas pusieron fuego al lugar y arrasaron como doscientas diecinueve casas, quedando sólo cincuenta y siete entre casas, casillas, tinadas y caseríos; y para que conste a la posteridad lo firmo. Paniagua.", y en el Libra de Bautizados (Años 1.8051.841), se trata de una alusión posterior y generalizada al hecho, con motivo de una partida de bautismo que no puede despacharse, ya que "fue destruida con los libros parroquiales en la quema que sufrió el pueblo durante la guerra de la Independencia, y por transmisión oral, quedó reflejada en la Leyenda del Tío Picote, escrita por J. García Morgad y recreada por Adolfo Izquierdo. Cuenta la leyenda que:
A la salida de misa, un domingo de Agosto de 1.809 llega a la plaza torniega un destacamento francés al mando de un sargento, que exige, con gran premura, la entrega de seis arrobas de vino al señor alcalde, negándoselas éste alegando que todas las existencias de vino se las había entregado a las tropas españolas de Cuesta. El sargento se insolenta replicando con malos modales al tono comedido del alcalde, que pretendía evitar que los vecinos se enterasen y se organizase un alboroto. Sin embargo los torniegos se fueron arremolinando al ruido de las crecientes voces. El suboficial francés termina dando un culetazo en el pecho de la primera autoridad torniega. Un hijo de éste, aún pequeño, vengó el golpe, dando una certera pedrada en la boca del sargento. El pueblo se abalanzó sobre los insolentes enemigos, matando alguno, haciendo prisioneros a otros y persiguiendo a pedradas a los pocos que lograron escapar.
Se festejó la victoria aquella tarde.
Temerosos de la airada acción de Soult, se juntaron a deliberar los vecinos: unos querían entregar a Soult los prisioneros, pero otros no se fiaban de él. En medio de las vacilaciones se escuchó una voz decidida de mujer, que acusaba a los hombres de cobardes por no querer luchar y que aseguraba que las mujeres se bastarían para defenderse.
La animosa moza era la hija de un tal Pedro, cazador experto de lobos y alimañas, conocido popularmente como "El Tío Picote", a quien se encomendó la estrategia de lucha.
Siguiendo el plan trazado, un puñado de mozalbetes se adelanta a espiar la llegada y alarmar a los que se situaban en Los Canalones, paso obligado de la cañada; estos estaban pertrechados de los fusiles capturados al enemigo. El resto de los hombres y mujeres se armaban rudimentariamente de: hoces, hachas, ondas y palos. Los niños, viejos e inservibles se refugiaron en La Picotilla, portando ajuares y víveres.
Pronto se comunica la subida de una importante tropa de dragones. Cuando llegan a la altura de Los Canalones, y al ver la viña sazonada de sabrosos frutos, colocan los fusiles en pabellones y se avalanzan sobre los racimos maduros. De un disparo cae el comandante de la escuadra, que cuando quiere tomar sus armas cae abatido por la sorpresiva hueste del Tío Picote.. Algunos huyeran, y los heridos fueron correctamente atendidos por las torniegas. Por medio del Corregidor Placentino, se concertó la entrega de prisioneros al Mariscal francés quien promete en falso no atacar más el serrano pueblo del Valle. En Plasencia Tío Picote y los torniegos son aclamados.
Pasados un par de días Soult, incumpliendo su palabra decide tomar venganza contra quienes le habían humillado por dos veces manda la mejor de sus divisiones con la orden terminante de no dejar piedra sobre piedra en El Torno. Enlaces placentinos alertan a los torniegos, que se echan al monte antes de la llegada francesa. Al atardecer del 24 de Agosto de 1.809 llegan al lugar, y aprovechando el lino puesto a secar, lo utilizan como teas para prender la población por diversos puntos, resultando 219 casas destruidas.
Aprovechando la humareda, los bravos torniegos se desquitan sangrientamente en los franceses que encontraban.
El Tío Picote con un puñado de valientes torniegos, formó una partida guerrillera, en la que militaba su aguerrida hija.
El Torno colabora a los gastos de la guerra con 176.000 reales, 1380 raciones de sal y 54 arrobas de patatas.
La Primera Guerra Carlista, de 1.833 a 1.840, es una de las etapas vividas en el Valle con mayor relieve y participación, ya que muchos vallenses participaron activamente en esta contienda; en El Torno destacó la figura del Padre Rafael de la Calle y Sevillano, cuyo perfil humano nos quedó inmortalizado en el relado de Don Adolfo Izquierdo, nacido el 28 de Enero de 1. 783 en este pueblo. Fue confesor y consejero de la Real Familia de Don Carlos V, con la que compartió sus avatares. Cursó sus estudios eclesiásticos en Salamanca y Ávila, obtuvo un beneficio en la Catedral de Plasencia y se le nombra bibliotecario episcopal y rector del Seminario Placentino. Aconsejado por el carmelita Padre Cadete, ingresa en la Compañía de Jesús. Con todo su bagage cultural, y una vez instalado en Madrid, pronto destacarán sus dotes de predicador multitudinario y de docto Catedrático de Teología en el Seminario de Nobles, del que se le nombra rector.
Introducido en la corte en 1.831 se le destinó a confesor y director espiritual de la familia de Don Carlos, quien al ser desterrado instala a los suyos en Portugal. Con ellos llegó a Lisboa, y en la capital lusa, y en otros puntos que recorrió, obtuvo gran predicamento. Por razones políticas se traslada el séquito real a Inglaterra, donde fallece la esposa de Don Carlos. El Padre la Calle se encarga de oficiar su funeral.
La fidelidad en el servicio a Don Carlos le llevó a prolongar su peregrinaje al continente europeo (Alemania, Saboya, Austria, etc.) acompañando a la Princesa de Boira con la que se casó Don Carlos, oficiando la ceremonia el Padre la Calle. Luego el sacerdote torniego se retira a Verona, donde trató al Padre Odescalchi; de allí pasa a Roma, donde se encuentra con su hermano Don Eustaquio, coronel carlista, exiliado político en Francia, quien ya no le abandonará.
Los ataques sufridos por la Compañía de Jesús en 1.848 afectaron al Padre la Calle, que es desterrado a la isla de Malta, donde muere el 25 de Octubre de 1.848.
No tenemos ningún acontecimiento relevante hasta la llegada de la Segunda República que, en El Torno se proclama a las nueve de la noche del día 14 de Abril de 1. 931 (el mismo día que en Madrid) antes que en otras importantes poblaciones extremeñas, como consta en las ctas municipales.