Con motivo de la reciente celebración del Congreso
de APLEx (Asociación para la conservación del Patrimonio Lingüístico
Extremeño) en la ciudad de Cáceres, se ofreció al público
asistente una exposición con objetos tradicionales, en la que se instaló
un chozo de retama, típico de los pastores de nuestra tierra. El happening
fue un éxito gracias a la destreza de su creador, Rodrigo Muñoz
Pérez (socio fundador de Aplex), y al marco plástico en el que
se inscribió, una exposición etnográfica extremeña.
Para homenajear al creador del chozo, el Doctor de la Universidad de Extremadura,
Antonio Viudas Camarasa, realizó una participación en el Foro
General de Aplex, loando su labor en pro de la conservación de la cultura
tradicional extremeña. Para completar la información, remitió
a los forer@s a un artículo aparecido en la edición del Hoy, tanto
impresa como digital, en el que se daba cuenta del estado de abandono que sufren
unas construcciones emblemáticas, las chozas de piedra, dispersas por
las serranías extremeñas, y el peligro de perder un bien cultural,
símbolo de una actividad, el pastoreo, tan enraizada en nuestros campos
desde tiempos inmemoriales.
En los montes del Valle del Jerte, numerosas chozas de piedra enriquecen el
paisaje físico y humano. Cuando llega el invierno, las brumas, las lluvias,
los vientos que campan el hogar extremeño, invitan al recogimiento, y
es que, como decía nuestro poeta romántico José Espronceda,
el horrísono invierno nos arrincona al calor del fuego, de la lancha
de la lumbre. Así podemos disfrutar de las lecturas atrasadas, de los
carbotes (castañas asadas) y el vino, que estos días mana poco
a poco de las tinajas de barro, cuando los vinateros escancian la pitarra en
sus bodegas centenarias. Ese vino que nos acompañó a través
de los tiempos y nos hizo recios en los momentos difíciles y dio calor
en invierno, cuando las heladas aterían los pies y las manos de los pastores,
también nos ofrece ahora arrojo y valor para denunciar algunas situaciones
que acontecen en los anchos campos de nuestra región y que necesitan
atención urgente. Es el caso de las chozas de piedra, -o chozos, o chozuelos,
como quiera que se los designe en la rica variedad dialectal de nuestros pueblos-,
sometidas a un proceso de deterioro que debería estimular nuestras conciencias
para revertir la situación, porque un pueblo debe conservar su legado
cultural para reconocerse y proyectarse desde él hacia la esperanza del
futuro.
Desde la página web (http://perso.wanadoo.es/paurega/Galeria%20afotuh.htm)
del pueblo jerteño de El Torno, estamos trabajando para dar publicidad
y extender los ecos, acerca del estado de abandono que sufren estas construcciones
de piedra, de piedra y retama o de escobas, según los casos, que se están
cayendo sin que nadie las mire, ni las cuide como es debido.
La cultura ganadera y agrícola tradicional de nuestra tierra tiene una
rama en peligro de extinción si no paramos mientes en ello. En la sierra
torniega, hay alrededor de trescientas chozas y algunos chozuelos mixtos, construidos
a base de piedra y una cúpula de retama o escobera. Muchas de estas casas
de pastores tienen la falsa cúpula derruida, unas veces porque los lugareños
han cogido las hermosas lancheras, que servían de techo a estos ancestrales
cobijos, para reutilizarlas en otros menesteres, y otras porque se han caído,
debido al abandono, o porque algunos mozos las han tirado por el puro gusto
de hacer mal.
En San Martín de Trevejo y en toda la zona llamada Los Tres Lugares hay
numerosos chozos y, con motivo de ello, editaron un magnífico libro en
el que se recogía un estudio sobre el origen y estado de conservación
de los chozos mañegos. Me gustaría realizar una labor similar
con las chozas de piedra del Valle del Jerte, elaborar un censo, un mapa de
situación y la descripción de los tipos existentes, con la esperanza
de que se tengan en cuenta esos monumentos arquitectónicos tradicionales,
que aunque de cultura humilde, es muy lejana y antigua, ya que su técnica
constructiva se remonta a la ocupación Celta del Oeste peninsular.
Deberíamos pasar tod@s una temporada en la sierra (Beatus Ille) para
entender el bien que las chozas de piedra han hecho por nuestros cabreros, por
los pastores y por los campesinos extremeños, cuando en tiempos no muy
remotos laboraban con el ganado y con los perros para ganarse el sustento.
Pero aun no han agotado su rédito estos chozuelos o chozas antiguas si
se fomenta su restauración y conservación y se crean rutas y campamentos
para el ocio y recreo de las personas, respetuosos con el medio ambiente y el
uso tradicional que de ellas han hecho los cabreros. Aun podemos remediar esta
situación preocupante, para que los extremeños puedan visitar,
conocer y querer un vestigio de nuestra cultura ganadera y campesina, tal y
como nuestros ancestros las quisieron y usaron.
Cuando estás dentro de una choza
no existe el calor en el verano, son muy frescas para dormir la siesta y guardar
la merienda. En invierno también cumplen su servicio, ya que cuando llueve,
truena o relampaguea, uno se puede cobijar en ellas y encender enseguida una
chasca para calentarse. Las chozas han guardado en su interior las herramientas,
el barril del agua, las patatas sembraderas, el cuajo y el queso y, lo más
importante, las alforjas, mientras llegaba la hora de comer o de merendar. Yo
he pasado muy buenos ratinos en una choza que tengo en la Fuente de la Oveja,
una finca situada a 1200 metros de altitud en los Montes Tras la Sierra, en
el Valle del Jerte, y allí aprendí nuestra forma peculiar de hablar
y las historias que los cabreros me contaban acrecentaron el amor y el deseo
de conservar este tesoro tan nuestro.
En El Torno contamos con una persona, Manolo Robles, que hace el oficio de rutero
a lo largo y ancho de la geografía torniega y conoce muy bien la situación
y el camino para llegar a las chozas más recónditas de la sierra.
También trabaja un artesano que elabora chozas de piedra en miniatura,
del tamaño de un barril de agua, con una gran destreza en el oficio.
Allí os esperamos para compartir este tesoro que se pierde si no lo remediamos.
Pablo Muñoz Regadera
Lic. en Filología Española. U. de Barcelona.